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Más allá de "hacer grupos": el trabajo colaborativo entre pares como eje transformador del aprendizaje.

Más allá de "hacer grupos": el trabajo colaborativo entre pares como eje transformador del aprendizaje

Quienes estamos en el  aula a diario conocemos una escena habitual: llega el momento de trabajar en equipo, se mueven las mesas con entusiasmo y damos la consigna de siempre: "júntense de a cuatro y respondan la guía". Sin embargo, al cabo de unos minutos, la dinámica suele dividirse entre quien asume casi toda la carga cognitiva para asegurar el resultado y quienes quedan relegados a tareas secundarias, a la espera o a la dispersión.

Esta realidad nos interpela directamente. Como profesores, muchas veces damos por hecho que la colaboración aparece de manera espontánea cuando reunimos a las y los estudiantes en un mismo espacio. No obstante, colaborar no es simplemente sentarse juntos ni dividir una tarea: es una práctica pedagógica medular que requiere propósito, diseño explícito, modelamiento, acompañamiento y revisión permanente.

1.Romper el individualismo: De la tarea repartida a la interdependencia positiva

Existe una diferencia sustantiva entre el clásico «trabajo en grupo» y el trabajo colaborativo. En el primero suele predominar la fragmentación utilitaria: «tú haces la 1 y la 2; yo, la 3 y la 4». En el segundo, en cambio, se instala la interdependencia positiva: la convicción compartida de que alcanzar un objetivo común exige el razonamiento articulado, la escucha activa y el aporte responsable de cada integrante.Cuando las y los estudiantes dialogan, contrastan perspectivas y argumentan para resolver un problema, el aprendizaje se sitúa en la Zona de desarrollo próximo. La mediación entre pares  entonces, moviliza habilidades cognitivas, comunicativas y socioemocionales que una clase exclusivamente expositiva difícilmente logra activar con la misma profundidad.

2.La calidad de las interacciones: La sala como comunidad dialógica

Desde la observación de aula y el acompañamiento docente —como propone el modelo CLASS®—, el trabajo entre pares incide directamente en dimensiones más importantes que inciden en el aprendizaje escolar:

  • Apoyo emocional: cuando el grupo trabaja en un ambiente estructurado y seguro, disminuye la ansiedad frente a la equivocación. El error deja de ser motivo de sanción social y se transforma en una oportunidad para discutir, ajustar estrategias y construir soluciones en conjunto.
  • Organización del aula: asignar roles explícitos y rotativos —moderación, síntesis, gestión del tiempo y verificación de criterios— ayuda a optimizar el tiempo lectivo, distribuir responsabilidades y promover la autorregulación grupal.
  • Apoyo pedagógico: explicar una idea a un par obliga a verbalizar el propio pensamiento, reconocer dudas conceptuales y reorganizar argumentos. En ese ejercicio, la comprensión se vuelve más profunda, situada y transferible.

3.Inclusión efectiva y DUA: Superar el rol de "tutor perpetuo"

El Decreto 83 y los principios del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), sostienen que la colaboración entre pares constituye una herramienta poderosa para responder a la diversidad del aula sin recurrir a la segregación ni a apoyos aislados. De hecho, cuando diseñamos nuestras clases con experiencias cooperativas, activamos en nuestros estudiantes el compromiso afectivo mediante metas compartidas, diversificamos la representación de los contenidos a través de explicaciones, ejemplos y metáforas cercanas, y  con esto, abrimos distintas vías para que cada estudiante participe, exprese lo que sabe y aprenda con otros. Si el trabajo colaborativo se diseña para incluir a todas y todos, su evaluación también debe recoger procesos, aportes y evidencias diversas. Evaluar la colaboración no significa diluir la responsabilidad individual, sino hacer visible cómo cada estudiante del equipo, en su diferencia, contribuye al aprendizaje común.

4.Evaluar para aprender: La coherencia con el Decreto 67/2018

Uno de los mayores desafíos que tenemos como profesores para implementar metodologías activas y colaborativas aparecen al momento de evaluar: ¿cómo califico con justicia si trabajaron en equipo?  Aquí el Decreto 67/2018 nos ofrece un marco orientador clave, porque devuelve a la evaluación su sentido formativo, pedagógico y al servicio de la mejora.

  • Presencia activa y monitoreo docente: durante el trabajo en grupos, nuestro rol no es pasivo ni administrativo. Recorremos la sala, escuchamos razonamientos, detectamos vacíos conceptuales, formulamos preguntas desafiantes y entregamos retroalimentación descriptiva antes de cualquier calificación.
  • Coevaluación con sentido técnico: evaluar entre pares no es "ponerle una nota al amigo". Para que esta práctica tenga valor pedagógico, necesitamos rúbricas analíticas transparentes, con criterios y descriptores conocidos desde el inicio de la actividad. Es nuestro deber enseñar a los estudiantes a ser parte del proceso evaluativo de manera responsable y justa.
  • Coherencia constructiva: si el Objetivo de Aprendizaje exige analizar, argumentar o producir colaborativamente, el instrumento evaluativo debe recoger evidencias de ese proceso dialógico y no limitarse a revisar un producto final descontextualizado.

5. Orientaciones para el día a día en nuestro espacio escolar.

  •  Comenzar por estructuras simples: antes de planificar proyectos complejos, podemos incorporar rutinas breves de 5 a 10 minutos, como Pensar - Compartir en parejas - Socializar (Think-Pair-Share).
  • Modelar las normas con "hábitos de discusión": enseñar explícitamente cómo expresar acuerdos, desacuerdos y preguntas favorece una participación más respetuosa y argumentada. Además de ello, es una excelente idea publicar los "hábitos de discusión" en la sala para que estén a la vista de todos, y así aplicarlas en todas las asignaturas y momentos. Un ejemplo de esto sería tener un afiche con ideas como: "Concuerdo con tu punto sobre X, pero me pregunto qué ocurre con Y"
  • Cerrar siempre nuestras clases con metacognición: reservar los minutos finales para que los equipos identifiquen qué funcionó, qué dificultó la colaboración y qué ajuste realizarán en la próxima clase permite transformar la experiencia en aprendizaje consciente. 

Transformar nuestras aulas en espacios de investigación  compartida y cooperación genuina no es un ideal inalcanzable ni una moda metodológica. Es una decisión pedagógica y ética que reconoce a las y los estudiantes como protagonistas activos de su aprendizaje y a la sala de clases como una comunidad que piensa, dialoga y aprende en conjunto. La invitación es a comenzar con una estructura simple, observar evidencias, ajustar la mediación docente y compartir los aprendizajes con nuestra comunidad.

Referencias bibliográficas

Centro UC para la Transformación Educativa [CENTRE UC]. (2022). Marco de evaluación de interacciones de aula CLASS®: aplicaciones para la mejora pedagógica. Pontificia Universidad Católica de Chile.

Johnson, D. W., & Johnson, R. T. (1999). Learning together and alone: Cooperative, competitive, and individualistic learning (5th ed.). Allyn & Bacon.

Ministerio de Educación de Chile [MINEDUC]. (2015). Decreto 83: aprueba criterios y orientaciones de adecuación curricular para estudiantes con necesidades educativas especiales en educación parvularia y básica. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.

Ministerio de Educación de Chile [MINEDUC]. (2018). Decreto 67: aprueba normas mínimas nacionales sobre evaluación, calificación y promoción escolar. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.

Vygotsky, L. S. (1978). Mind in society: The development of higher psychological processes. Harvard University Press.