Durante mucho tiempo pensé que la evaluación en matemática debía centrarse exclusivamente en pruebas escritas. Esta idea limitaba la forma en que concebía el aprendizaje de mis estudiantes y reforzaba la imagen de una asignatura rígida, desvinculada de otras áreas del conocimiento. Sin embargo, con el tiempo he comenzado a romper con ese paradigma, abriéndome a estrategias de evaluación más diversas y significativas.
Este semestre, mis estudiantes de segundo medio participaron en una muestra donde expusieron la relación entre el concepto de funciones y los movimientos rectilíneos uniforme (MRU) y uniformemente acelerado (MRUA), integrando saberes matemáticos y físicos. Esta actividad les permitió explicar, representar y conectar ideas frente a sus compañeros y compañeras, demostrando comprensión más allá de la resolución mecánica de ejercicios.
El año pasado, realizamos una experiencia similar en octavo básico, y he comenzado a notar un patrón: cuando se ofrecen espacios para mostrar aprendizajes de forma activa y colaborativa, se favorece una comprensión más profunda y duradera. En cambio, las evaluaciones escritas tienden a reforzar procedimientos sin asegurar que el contenido haya sido realmente comprendido.
Esta decisión pedagógica se sustenta en diversos marcos teóricos. Desde la evaluación auténtica (Wiggins, 1993), se promueve que las y los estudiantes demuestren sus aprendizajes mediante tareas significativas, contextualizadas y relevantes, más allá de los instrumentos tradicionales. Por otro lado, la teoría de las situaciones didácticas de Brousseau (1998) plantea que el conocimiento matemático se construye activamente en situaciones donde el estudiante debe tomar decisiones, justificar sus ideas y enfrentarse a la validación de sus pares. Asimismo, el enfoque de evaluación para el aprendizaje propuesto por Black y Wiliam (2009) refuerza la importancia de retroalimentar los procesos de los y las estudiantes, más que simplemente medir resultados finales.
Esta experiencia me impulsa a seguir explorando evaluaciones que pongan en el centro la voz, el razonamiento y la apropiación del saber matemático por parte de los y las estudiantes, promoviendo aprendizajes con sentido, conexión y profundidad.
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