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La belleza de la razón: una experiencia de integración entre arte y trigonometría

​En el marco del trabajo con el objetivo de aprendizaje que busca que las y los estudiantes “muestren que comprenden las razones trigonométricas de seno, coseno y tangente en triángulos rectángulos”, se desarrolló una secuencia de actividades que combinó la creación artística con la aplicación de conceptos matemáticos.

Esta propuesta tuvo como propósito favorecer la comprensión profunda de las razones trigonométricas a través de una experiencia interdisciplinaria que conectara pensamiento lógico, sensibilidad estética y alfabetización digital.

La evaluación se estructuró en dos etapas complementarias.
En la primera, las y los estudiantes trabajaron en duplas para crear una obra artística inspirada en los estilos de Kandinsky, Malévich, Miró o Alejandra Quintanilla, artistas que destacan por su búsqueda de abstracción, libertad visual y vínculo entre emoción y forma.

Sobre su composición, debían dibujar un triángulo rectángulo, indicar las medidas de sus lados y ángulos, y luego formular un ejercicio trigonométrico relacionado (por ejemplo: “Calcula el seno, coseno y tangente del ángulo α”). Cada dupla entregó su obra junto con el desarrollo y resolución del ejercicio propuesto.

En la segunda etapa, las obras fueron instaladas en los muros del liceo, transformando los pasillos en una galería educativa. En esta instancia, cada estudiante resolvió de manera individual cuatro ejercicios seleccionados aleatoriamente entre los creados por sus pares. De este modo, la evaluación final se realizó fuera del aula, en un espacio de libre movimiento, observación y diálogo.

Las voces de las y los estudiantes revelan el impacto positivo de la experiencia. Muchos mencionaron que “disfrutaron conocer el trabajo de los artistas” y que ahora “comprenden mejor lo que hay detrás de sus obras”. Otros destacaron el valor de haber aprendido trigonometría en un contexto diferente, más cercano y menos rígido.

Uno de los comentarios más recurrentes fue la sensación de tranquilidad y motivación al realizar la evaluación fuera de la sala:

“Fue más relajado, no sentí la presión del control”,
“Me gustó poder moverme y elegir qué ejercicios resolver”,
“Nunca pensé que la matemática se podía relacionar con el arte”.

Estas percepciones evidencian que la experiencia generó un clima emocional positivo, favoreciendo la participación y la autonomía.

La experiencia se sustenta en el enfoque de aprendizaje significativo propuesto por Ausubel (1983), quien plantea que el conocimiento adquiere sentido cuando puede relacionarse con experiencias previas y contextos reales. Al vincular la trigonometría con la creación artística, las y los estudiantes no solo aplicaron procedimientos, sino que construyeron significado.

Asimismo, investigaciones sobre educación estética (Eisner, 2004; Hernández, 2010) destacan que las artes permiten desarrollar la sensibilidad, la observación y la reflexión, habilidades que también fortalecen el pensamiento matemático. En este sentido, el arte se convierte en una vía para comprender la matemática desde la emoción y la percepción visual.

Desde la perspectiva socio-constructivista, Vygotsky (1979) enfatiza la importancia del aprendizaje como un proceso social y cultural. Esta experiencia promovió colaboración, diálogo y coevaluación, al permitir que las y los estudiantes se apropiaran del rol de creadoras y creadores de contenido, compartiendo saberes entre pares.

Finalmente, al realizar la evaluación fuera del aula tradicional, se activaron dimensiones vinculadas al aprendizaje corporal y espacial (Gardner, 1993), evidenciando que la comprensión puede fortalecerse mediante la movilidad, la observación y la interacción con el entorno.

“La belleza de la razón” demostró que enseñar trigonometría puede ir más allá de la memorización de fórmulas: puede ser una experiencia sensorial, creativa y significativa.
El arte permitió abrir caminos hacia la comprensión, transformando la evaluación en una oportunidad para observar, sentir y pensar con libertad.

Esta experiencia confirma que cuando las y los docentes nos atrevemos a cruzar fronteras disciplinares, la matemática deja de ser una estructura rígida para convertirse en un lenguaje sensible, capaz de expresar equilibrio, emoción y pensamiento.